viernes, 13 de noviembre de 2015

A KAREM ESCOBAR




Es increíble el poder que tienen ciertas personas para transmitir emociones. Más impresionante es cuando aquella persona que produce tantos sentimientos tan solo con verla, contemplar su rostro o escucharla hablar, no la conocemos en persona.

Mi relación con ella fue solamente a través de la pantalla de un televisor. No veo muchas novelas ni seriados, pero cada vez que hacía 'zapping' y me encontraba con su dulce rostro en primer plano, me obligaba a quedarme a ver su actuación, suspirar, y anhelar la llegada del día que pudiera encontrar una mujer que tuviera siquiera la mitad de la belleza que ella poseía, la candidez que sus expresiones denotaban, y la sencillez que tan solo con verla se desbordaba.

Pero cuando el programa terminaba, regresaba a hacer mis cosas y me olvidaba de las emociones que ella me había producido. Es algo normal cuando se está viendo una historia y hay que volver a la realidad aplastante, recordando que todo aquello fue una actuación y que todos son profesionales de la televisión. Sin embargo, los momentos en que esa mujer realizaba una aparición en la pantalla chica, me hacían sentir tan cercano a ella que creía conocerla de toda la vida. Y en parte eso era verdad, pues la vi en televisión desde que hizo sus primeros papeles, aún siendo una niña. Se convirtió en mi amor platónico del medio artístico sin darme cuenta. 

Debo confesar que nunca me di a la tarea de averiguar su nombre, sus redes sociales o sus proyectos futuros. Supongo que la veía tan inalcanzable que no me molesté siquiera en saber cómo se llamaba. Me refería a ella como "la hermosa niña que aparece en "X" novela y que me encanta";pero era sólo eso: la mujer más bella de la televisión que nunca se convertiría en algo real y palpable en mi vida.

Hoy sé su nombre. Hoy sé que no era tan inalcanzable ni tan lejana, puesto que al revisar sus redes sociales no cabe duda de lo sencilla que era, de su cercanía con quienes la seguían, de su desconocimiento completo de los egos que pudren el alma de las personas que están inmersas en el medio artístico. Me doy cuenta que era una mujer completamente humilde que pudo ser mi amiga, mi confidente, mi hermana, ¿y por qué no? Una persona de la cual cualquier hombre estaría feliz de enamorarse. Es una lástima que me percaté de ello demasiado tarde. 

Me duele haberme enterado de cómo se llamaba sólo a través de la noticia de su muerte, cuando ya no importaba. Ya no podría decirle cuánto me gustaba verla actuar, cuántos párrafos inspiró cuando quise describir a la mujer perfecta en mis escritos, cuánto me habría gustado conocer a la persona más allá de la actriz que se veía en la pantalla, y cuán halagado me habría sentido si algún día sus ojos leyeran alguno de mis textos.

Me arrepiento de no haber buscado antes el modo de conocerla. Estaba tal vez a un paso de entablar una amistad con una mujer excepcional, con un talento innato y con mucho para dar a través de lo que le encantaba hacer. Me siento mal al saber que nunca supo de mí, de mi admiración, de mi cariño hacia ella que ni yo mismo sabía que era tan grande. Pude haber hablado con ella; pero de todas formas, entiendo que aunque la hubiera conocido, tal vez no habría podido hacer nada para impedir que el 12 de noviembre del 2015 ella abordara ese automóvil.

Duele mucho más saber que por errores de terceros todos quienes la conocimos, directa o indirectamente, nos privaron de su presencia, de su talento y de su alegría. Circunstancias como esas son las que nos hacen cuestionar los designios del destino. ¿Por qué la muerte se llevó a una mujer con toda una vida por delante, con tantos sueños por cumplir, con tanta felicidad en su corazón y con tanto amor por lo que hacía? Sea cual fuere la respuesta a este interrogante,ya no estás en este mundo, y aquellos que nos quedamos aquí debemos aceptar con resignación tu repentino adiós.

La lección que nos deja tu partida es que en cualquier momento la vida se extingue, por lo cual hay que disfrutar cada momento, los detalles grandes y pequeños, no perder el tiempo en mares de tristeza y tratar de ser felices por más obstáculos que haya en el camino, pues no sabemos si éste será largo o corto.

Gracias por entregarnos tu talento y tu ternura. Si dejaste huella en mí a pesar de nunca habernos visto en persona y del hecho que jamás supiste de mi existencia, no imagino el vacío tan enorme que habrás dejado en todos aquellos que tuvieron el privilegio de siquiera cruzar unas palabras contigo. Por tantas alegrías, emociones y pasiones que brindaste con tanto desinterés, mereces descansar en paz, siendo uno de los ángeles más hermosos del cielo. Nunca te olvidaremos, y prueba de ello es este escrito que hoy te dedico y con el cual, probablemente, muchos de los que te conocieron se sentirán identificados al leerlo.

Mi única esperanza es podernos encontrar en otra vida y tener la conversación que en ésta nos quedó pendiente. Adiós, mi amor platónico. Descansa en paz. Hoy el cielo está de fiesta, pues el ángel más hermoso acaba de alegrar el paraíso con su presencia. 

Un abrazo, Karem Escobar.


Christian David Silva