jueves, 29 de octubre de 2015

LO QUE ELLA NO SABE...




Ni yo mismo lo sabía. Ni yo mismo lo sospechaba. Enamorarme así de ella, sabiendo que no me amaba.

Un día llegó sin querer, como todas las cosas que cambian nuestra percepción de la vida. Su amistad me hizo los días más llevaderos, en medio de penas de amor que hoy no son más que crueles arrepentimientos de un pasado sin sentido. Me llenó las horas de ternura, de sonrisas, de conversaciones fraternales y palabras de aliento, que me dieron fuerzas para secar las lágrimas negras que brotaban por una mujer con el alma del mismo color. 

Y me gustó sin querer, cuando aún me encontraba enamorado de otra mujer. Me gustó verla la primera vez, y la segunda, y la tercera... hasta que su sonrisa quebrantó la melancolía de mis pensamientos, y con un beso con sabor salado me elevó por un cielo de estrellas del que solamente pude bajar cuando separé mis labios de los suyos. No estaba seguro de cómo sentirme frente a ese beso, si su inusual sabor agradaba a mi corazón, y si aquello significaba el comienzo de algo que jamás viví: un amor correspondido.

Pudo haber sido un amor perfecto, duradero, tan dulce como una fruta prohibida cuando está al alcance de la mano, tan inmenso como el cielo y tan intenso que haría de mil horas junto a ella tan solo dos segundos. Pero le mentí, le oculté mi pasado, mis decisiones no fueron acertadas y la dejé ir. Nunca logré aprender.

Hoy me encuentro tan enamorado de ella que parece mentira darme cuenta de ello de forma tan tardía, pese a la enorme desventaja de no verla desde hace más de un año. Tal vez no sabe que sigo pensando en la manera de verla y recordar los tiempos en que sus besos cubrían mis labios, y que su piel no se resistía a ser acariciada por mis manos ansiosas. No sabe todas las ocasiones que he querido salir a buscarla, esperarla frente a su casa y abordarla, robarle un beso y volver a amarla... pero no sé cuál de todas es su casa en ese inmenso conjunto residencial, ni la hora ni el momento en que de allí salga. Seguramente saldrá siempre acompañada, ya sea por su familia o por aquél que su corazón ama.

El dolor en el pecho no cabe al saber que la única persona que te amó con sinceridad, es la misma que hoy te mira como un desconocido y te dice que ya no siente igual. El tiempo y la distancia se convirtieron en mis enemigos, y es por eso que ella hoy ríe, llora, siente celos, rabia y deseos por otro. Otro para quien ahora son sus sonrisas, sus palabras de aliento y su ternura incomparable. Ella no sabe que no la olvido, o tal vez no quiere darse cuenta de la magnitud de la pena que sus palabras causan a mi herido corazón, que bien merecido lo tiene por no darme una respuesta a tiempo para mi felicidad.

No tiene idea que en mis sueños está presente y con mayor frecuencia, que daría todo por volverla a ver... y que la amo, aunque sea tarde para confesarlo y ser parte de su vida, de sus sueños, de sus metas y de los enormes horizontes que hoy le sonríen en el porvenir. Sin embargo, por medio de este escrito y de otros futuros, pienso demostrarle que no quiero ni puedo rendime de modo tan fácil por algo que ahora estoy seguro de querer alcanzar; y que cada palabra y cada frase que ella pueda inspirar dentro de mi mente... la escribiré aquí, sabiendo de todas formas, que quizá mis palabras hoy se niegan a ser leídas por sus ojos, y mis frases se resisten a ser escuchadas por sus oídos. 

A pesar de todo, ojalá estos párrafos contribuyan en algo para hacerle recordar que su felicidad fue la mía, que sus abrazos fueron mi abrigo, sus ojos cómplices de los míos, su boca guardiana de mis secretos, y su alma amante de la mía. Ojalá su corazón de niña atrapada en el cuerpo de toda una mujer, me conceda la redención y la oportunidad para que su voluntad me permita al menos... volver a verla.

Christian David Silva

viernes, 23 de octubre de 2015

FELIZ CUMPLEAÑOS



Hoy hace veinte años una hermosa mujer vio por primera vez la luz del día. Hace veinte años que le dieron la oportunidad de vivir, de crecer, de sentir y de amar. Aunque muchas veces pensó que no debió haber nacido, que tal vez habría sido mejor morir para no seguir padeciendo dolores y enfermedades, y que sus fuerzas muchas veces no alcanzaron para enfrentar tanto a tan poca edad, sigue viva, de pie, luchando como toda una guerrera.

¿Cuántas barreras no debió romper por alcanzar sus sueños? ¿A cuánta gente no debió enfrentarse por defender sus ideales? ¿Cuántos quisieron verla destrozada mientras ella resurgía como el ave fénix? Ni todas las páginas de un libro, ni una película completa, ni una telenovela ni un reportaje, serían suficientes para describir todas las penurias y las luchas que su corazón debió enfrentar en este mundo que siempre ha querido hundirla.

Y a pesar de todo ya tiene veinte años; ya es una mujer. No ha aprendido a amar, no valora las muestras de cariño, es fría, es indolente, y cree que mostrar algo de amor es una señal de debilidad. No es culpa de ella ser así, sino de las experiencias que la vida le ha dejado. Amó tan intensamente y la defraudaron tantas veces, que las heridas que le provocaron siguen abiertas, al rojo vivo, sin curación. Esas yagas están cubiertas solamente por una capa de odio y de rencor, la cual no ha querido quitarse por temor a que las heridas terminen por matarla.

Lucha contra el mundo. Lucha contra sí misma, contra sus impulsos y sus sentimientos. ¿Cómo puede vivir así? ¿Cómo ha podido soportar tanto? ¿Qué la motiva a seguir adelante? Yo la admiro porque su fortaleza y valentía no conocen límites, pero odio su forma de herir a los demás del mismo modo que la hirieron a ella. Es todo un círculo vicioso.

No sé si ya se haya rendido, si las enfermedades le ganaron la batalla, si tiene personas que la apoyen en su arduo camino por buscar la felicidad que le ha sido esquiva, si me habrá olvidado, si habrá echado de menos mi llamada en este día tan importante. Lo cierto es que a pesar de todo la recuerdo, que espero que no crea que ya no me importa y que borré su imagen del álbum de mi vida. Ojalá me perdone por no poder cumplir la promesa de estar con ella en los momentos más importantes de su existir. Ella me alejó, pero mi corazón sigue a su lado.

Le deseo un feliz cumpleaños, y que cada onomástico sea más dichoso que el anterior. Que a su vida acudan personas que puedan suplir el cariño que yo le dejé a medias, pues no me pude quedar más. Deseo que el rencor sea vencido por el cariño, y ella pueda abrir los ojos a la paz que se logra hallar en el perdón. Siempre será el amor de mi vida, pues la vida es solamente una, y el amor también. Llegarán personas a quien ame con mayor intensidad, que se queden más tiempo, que demuestren el cariño sin miedo, pero nadie le quitará a esa mujer el lugar que ocupó en mi corazón durante la solitaria juventud que desperdicié. Valió la pena conocerla. Pero si regresa... mis brazos ya no estarían abiertos para ella.

Feliz día.


Christian David Silva


viernes, 9 de octubre de 2015

¿CÓMO PODER ESCRIBIR?



¿Cómo poder escribir algo nuevo? ¿Algo diferente? ¿Algo emocionante? ¿Algo que se aleje por completo de todo aquello que en el pasado era el único mundo que conocía?

A pesar de haber escapado de una vez por todas de ese valle de espinas, de haber arrojado al suelo aquella cruz en la que se había convertido ese amor desmedido del que no hallaba salida, debo admitir que con él se terminó todo lo que en mi vida era interesante. Volví a ser el mismo ser monótono, impávido y frío de los años en que no la conocía a ella. Aunque sé perfectamente que su cuerpo, sus ojos, su boca y su mente son un veneno para mi alma, todo ese conjunto de virtudes y defectos eran los que me hacían sentir un ser que ama como los demás, que vive, goza, vibra y tiene una idea del por qué su corazón late, más allá de una razón científica. Ahora... me siento un autómata, una máquina encerrada en una bodega, oxidándose rápidamente, olvidada, destinada a apagarse cualquier día. 

Siento como si mis órganos simplemente fueran circuitos, tuercas y tornillos de un inmenso computador cuya memoria interna se resiste a almacenar nueva información.

He escrito demasiado sobre la soledad y el desamor. ¿De qué puedo escribir ahora, encerrado en cuatro paredes infranqueables? ¿Qué nuevos pensamientos puedo expresar si con la partida de esa mujer incluso las ganas de salir, de explorar, de conocer, de sentir y de amar se extinguieron como una llamarada que es ahogada por la lluvia? Ya no pienso en ella, ya no siento que sin su amor moriré irremediablemente, pero tampoco siento deseos de volver a aventurarme a querer a alguien... y eso es tan malo como estar atado a un sentimiento que hace daño. No sé qué es peor: amar sin medida con valentía, o estar tan vacío como para ser capaz de prescindir de cualquier sentimiento humano.

No hay odio en mí; no hay rencor. Mas tampoco hay amor, ni risa, ni llanto, ni esperanza, ni deseos de hallar a alguien que cambie la opinión oscura que ahora vislumbro acerca de la vida. ¿Para qué molestarme? ¿Para enamorarme de nuevo y volver a ser pisoteado por la persona a la que colocas en bandeja de plata tu corazón? Al menos, en las cuatro paredes que rodean mi cuerpo adonde quiera que éste va, el único que puede hacerme daño soy yo mismo, y prefiero eso antes que permitir que una desconocida irrumpa de nuevo en mi existir, me engañe, me enamore y luego se vaya, haciendo trizas nuevamente al corazón, sin importarle todo lo que he intentado hacer por ella, para verla feliz a costa de mi alegría, en tanto yo en el espejo me reflejo cada día más triste.

Y como ve, querido lector, aún sigo hablando de desamor. Ojalá que mientras estoy sentado aquí, en medio del encierro, la soledad y la impavidez más alarmante, pueda llegar a mí la inspiración que necesito. Aún no estoy listo para volver a sentir.

Christian David Silva