martes, 15 de septiembre de 2015

TRES AÑOS




El tiempo pasa rápidamente, pero los sentimientos siguen intactos. Es evidente que has cambiado de vida, que otras personas y otros ideales te desvelan, que poco o nada recuerdas de aquellos primeros días cuando comenzamos a conocernos, cuando la ingenuidad alargaba nuestras conversaciones, cuando todo era solamente un juego que no temíamos perder, y que ahora ya no quieres volver a jugar.

Desde ese primer día ya han pasado tres años. Suena fácil decirlo, pero al corazón le ha costado mucho llegar sin heridas al momento de escribir estas líneas. Hoy se encuentra herido, sin una ilusión que lo despierte del letargo, de los latidos rutinarios y sin sentido, de la monotonía de mantener vivo un cuerpo que poco a poco se va transformando en un contenedor de sangre frío e indolente.

Tres años de amarte sin consideraciones, de desencuentros, desilusiones y farsas. Tres años de intentos fallidos por conquistar tu amor, de que tus ojos me observaran con agrado, de que mis detalles te inspiraran ternura y tus labios me recompensaran con un beso. Tres años de esperar algo que hace tiempo que el cerebro en su implacable lógica sabe que no va a pasar; tres años de mantener una esperanza que cada día moría y renacía constantemente, dependiendo de tus palabras, tus miradas y tu sonrisa. Tres años viviendo por ti, mientras tú siempre morías por alguien más.

Quise creer que esto no se trataba de darle un punto final a lo que vivimos, cuando hace mucho tiempo que habías comenzado una nueva historia con otra persona. No sé si él te ame más, no sé si da la vida por ti como lo hice yo; pero lo cierto es que su forma de querer sí la aceptas, sí la valoras, sí la toleras y la compartes. Llevas casi un año junto a él, mientras que yo me aferraba a ensueños vacíos, a fantasías en las que regresaba a ti y me esperabas con los brazos abiertos para darme el amor que antes no me brindaste. No hay peor traición que la de la esperanza a la razón.

No te costó trabajo olvidarme, pues nunca tomaste en serio mis intentos por estar contigo, y siempre me viste como el pobre muchacho que mendigaba amor, y que al final no mereció ni un “Te Quiero”. Hoy para mí sólo queda un corazón roto y miles de recuerdos. En tu caso… no sé si te quede siquiera un recuerdo mío, pues tú no necesitas de ellos para seguir adelante.

Espero que en los próximos tres años, me encuentre escribiendo la historia de mi amor correspondido, y sea yo quien arroje tus recuerdos al olvido definitivamente. Envidio tu manera de seguir adelante.

Christian David Silva