miércoles, 4 de febrero de 2015

QUISIERA ESCRIBIR...



Quisiera poder escribir una historia diferente donde la protagonista no seas tú. Quisiera que mi imaginación inventara un cuento en el que la chica sí correspondiera al hombre que la pretende, y que valorara todas las cosas que ha hecho por conquistarla. En el que sean otros ojos, otros labios y otro cuerpo el que yo evoque al describir a esa mujer ideal. En el que su personalidad sea tierna, amorosa, risueña y despreocupada. En el que no sufra de problemas ni enfermedades que parecen no tener fin. En el que el chico que la pretende sea tan irresistiblemente guapo e inteligente que ella no dude en aceptarlo. En el que no existan impedimentos de ningún tipo para vivir su idilio, y donde solamente reine el amor, el cariño, el deseo mutuo, la felicidad y las ganas de los protagonistas de compartir todo su tiempo el uno al lado del otro, sin contemplación y sin medida.

Pero existen dos problemas que me impiden separar mi mente de la historia que viví y seguir pensando en lo que sucedió hace ya tanto tiempo: El primero es que no ha llegado la mujer que me inspire todo aquello que tú me invitabas a crear, a pesar de buscarla y de llegar a sentir ilusiones parecidas con personas que en realidad no se comparan contigo. Solo promesas vacías, hipocresía y falta de interés. Sus vidas no son tan interesantes como la tuya. Contigo me sentía realmente vivo cada vez que tus ojos me miraban y que mi cuerpo rozaba el tuyo. Con ellas me siento igual que cuando estoy solo: triste y extrañando tu personalidad que me enamoraba tanto.

Y el segundo problema es que las historias de amor perfectas no existen, y si escribiera una nadie la leería, pues la perfección en las historias aburre, y más para quien la lee y no la vive. Para disfrutar de un amor perfecto hay que vivirlo, sentirlo, y no solamente ser testigo de él a través de un texto. 

También quisiera escribir la segunda parte de nuestro encuentro en la vida, pero recuerdo tus últimas palabras, y es así como mi mente intenta negarse. Recuerdo que me odias a pesar de lo mucho que te amo y que no lees lo que redacto para ti. Siento deseos de dejar de pensarte para poder articular una idea; no puedo. Te sigo queriendo, y sigo sin entender por qué terminaste odiándome de esa forma si deberías sentirte feliz conmigo. Es irónico que lo que yo suponía que haría que me amaras, solamente alimentara tu rencor hacia mí.

Tu vida es tan interesante y tan llena de emociones que quise inmortalizarte, hacer que todos conocieran tu valentía y tu fuerza para soportar las dificultades. Perdón por querer que los demás te admiraran como yo por lo que has vivido y por cómo te has sobrepuesto ante todo. Tu vida es un torbellino de emociones y la mía... solamente una eterna rutina.

Quisiera seguir escribiendo, pero ahora recuerdo que no lees nada de lo que me inspiras, así que me detengo por hoy. Trataré de encontrar otra musa que me haga vibrar de emoción tanto como al momento de pensar en ti, aunque esa sea una tarea titánica y casi imposible. Te quiero.


Christian David Silva






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