jueves, 17 de agosto de 2017

SINOPSIS DE "LA MALDICIÓN DE SOFÍA"






En su juventud, Nicolás Dávalos perdió la oportunidad de tener a la mujer que amaba, y todo por culpa de su cobardía. Nunca se atrevió a hablarle de amor a la chica que le quitaba el sueño, dejándole el camino libre a Daniel, su mejor amigo, para cortejar a la bella muchacha que apenas si sabía de la existencia del tímido Nicolás.

La inesperada muerte de Daniel, años después, más que una tragedia para su amigo, representó una oportunidad. El deseo de tener a la mujer que siempre quiso, y el ansia de vivir todo lo que Daniel dejó a medias, le impulsaron a hacer a un lado la cobardía y reclamar lo que, según él, le pertenecía por derecho propio: el amor de Valentina.

Dispuesto a todo con tal de complacer los caprichos superficiales de la mujer que adoraba, el joven Nicolás pronto se convirtió un ser muy lejano de aquél chico retraído y ensimismado, para transformarse en una persona sin valores ni principios que haría cualquier cosa para hacer feliz a su mujer. ¿Pero valdría la pena esta transformación? La llegada de Sofía pondrá en jaque su estabilidad, su seguridad y su deseo de permanecer junto a la dama por quien lo dio todo, incluso su tranquilidad. Pronto descubriría que, igual que en la vida, en el amor nada es lo que parece, y mucho menos cuando la sangre y las lágrimas se han puesto de por medio.

Descubre el misterio que encierra la dulce Sofía y sé parte de esta travesía. 







martes, 24 de mayo de 2016

CARTA A UNA AMIGA




Me considero afortunado al tener tu amistad, después de tantos altibajos y situaciones que han pretendido resquebrajarla irremediablemente. Me agrada compartir momentos a tu lado, y me gusta mucho que charlemos. Pero sabes que esto ya no se trata de una simple relación entre dos amigos que conversan acerca de trivialidades, o que de vez en cuando salen por ahí para informarse acerca de lo que ha sucedido en la vida del otro durante el tiempo que han estado separados. No; esto es algo que desde hace tiempo trasciende las fronteras de la amistad.

No es necesario repetir aquí lo que siento realmente por ti, pues estoy seguro que al mirarme recuerdas con amargura el día que me atreví a decirte la verdad, la cual pretendes ignorar porque en el fondo te incomoda. Para ti es más placentero y menos comprometedor pensar que aún soy el chico servicial, tierno y condescendiente que aprueba tus planes, tus risas, tus enojos, tus ocurrencias y tus locuras, sin esperar nada a cambio. Tus ojos no ven en mí al amante ardiente, al galán mundano que puede llenarte de besos apasionados cuando el deseo te lo exija, o al muchacho que es servicial, atento y detallista por motivos diferentes a los de pretender el “privilegiado” lugar del mejor amigo.

Por el contrario, cuando mis ojos se acercan a tu figura, lo último que pueden observar en ti es la apariencia de una amiga. Mi mirada anhela seducirte, atraparte y devorarte, para nunca más privarse de la maravilla que debe ser recibir un beso o una caricia tuya, donde el sentimiento del amor que una mujer puede sentir por un hombre esté por encima del de la simple amistad.

Mi corazón se acelera tan sólo con verte o escuchar tu voz, mas cuando las palabras que salen de tu boca son sólo evasivas a lo que sabes que siento, no queda otro remedio que resignarse y seguir fingiendo, como si yo fuera un actor en la comedia en la que yo mismo acepté participar, y que tú diriges sin saberlo. Nuevamente debo encarnar el papel del amigo incondicional, que jamás dice que no a lo que le propones, que cuida, que protege, que te hace sentir especial, pero que sólo tiene derecho a ser visto de la misma forma en la que se contempla a un hermano, a un defensor, a un benefactor cuya única meta en la vida es complacer y dar apoyo.

Y eso destruye el alma. Aún más cuando tienes idea del calvario que hay que enfrentar al querer ocultar un sentimiento que es tan evidente como la claridad del agua pura. Tú lo sabes; lo has sabido siempre, y sin embargo te ciegas a divisar el dolor que produce esta relación incompleta.
Mi estupidez no ha llegado a tanto como para enamorarme de ti. Hacerlo no está dentro de mis planes, pues soy consciente de que llegar a esos extremos sería destrozar mi corazón en un grado todavía mayor. Tampoco lo hago porque entiendo que nuestros intereses, costumbres, formas de vivir y personalidades son muy diferentes.

Tristemente, te conozco y sé que eres de las mujeres que se impresionan más por un par de músculos que por un cerebro inteligente. De las que prefieren una noche de fiesta y de interminables copas de alcohol a mirar al cielo y contemplar las estrellas, de las que pretenden encontrar un hombre que tenga la vida resuelta y que de paso resuelva la tuya, de las que por brindar un beso se aprovechan hasta el máximo del cariño de quien lo pretende.

Pero aunque sé todas esas cosas de ti, sigo aquí, a tu lado sin estarlo; esperando una llamada, un mensaje, una señal de vida. Porque sabes que con algo tan pequeño como eso, harás que te diga que sí a todo y me convencerás de ir a donde tú estás.

Saber que probablemente esta situación nunca cambiará, y que no serás capaz de transformar tu visión infantil de mí, es lo que me motiva a salir corriendo y alejarme, sin darme cuenta que una pesada cadena, esa que representa el inmenso cariño que tengo por ti, es lo que me impide mover las piernas para huir.

Christian David Silva

lunes, 22 de febrero de 2016

CUANDO TODOS REHACEN SU VIDA MENOS TÚ




Cambió el color de su cabello, Modificó su rutina, sus hábitos, su forma de vestir e incluso el modo en que sus labios forman una sonrisa. Escribe cosas positivas; se siente motivada. Es hermosa y tiene mil oportunidades de éxito, de gloria y realización personal. Tiene todo para triunfar en la vida.

No es la única. Últimamente noto que todas las personas con las que he tenido conflictos sentimentales son más felices ahora que cuando las conocí, Tal parece que sus vidas mejoraron desde el mismo instante en que dejaron de tratar conmigo. Eso explicaría por qué todos aquellos con los que quisiera hablar en este momento evitan tenerme presente en sus proyectos, en una conversación y en su existencia en general.

Todos tienen enormes planes para el futuro, encuentran nuevos amores, superan errores y personas del pasado, conocen personas que cambian sus vidas, se divierten, ríen, miran al horizonte con esperanza y se sienten seguros que el porvenir les será favorable tal como ahora. Mientras tanto, yo siento que la felicidad de todos ellos es inversamente proporcional al aumento de mi tristeza y mi depresión.

Ninguno de ellos me necesita ni se acuerda de mí. Dentro de las vidas de todos ellos solamente fui un error, un capítulo mal escrito, algo que no merece ser recordado. Algunos me escribieron mensajes de cumpleaños, lo cual agradezco, pero... ¿por qué solamente se tienen que acordar de una persona en esa fecha? ¿Acaso el resto del año uno es un pedazo de mierda sin valor, un ser inexistente que nada aporta a la sociedad?

Mientras todos realizan nuevos planes, aman una vez más y reúnen fuerzas para enfrentar el futuro, yo no supero el pasado. Todavía estoy esperando que las personas que fueron importantes, o cuando menos una de ellas, me busque para decirme lo que mis oídos quieren escuchar. La vida se me va, las oportunidades pasan en frente de mí y yo sigo esperando a los seres que protagonizaron los viejos episodios que mi memoria recuerda a cada segundo del día. Individuos cuyo camino está tan alejado del mío que es posible que se hayan olvidado de dónde se encuentra la vía para llegar a mi puerta, abierta para todos ellos si es que quisieran volver aquí.

Todos se van; ninguno se queda. No llegan personas nuevas a mi vida, y aquellas que por accidente se cruzan, lo hacen de manera fugaz y terminan marchándose tan rápido como llegaron. Mi pasado fue tan importante, que lo comparo con mi presente y lo mido con mi futuro, y prefiero vivir de recuerdos. Sin embargo, a veces hace falta una frase sincera de preocupación, alguien que te pregunte cómo estás, si te sientes bien o mal, si nos gusta u odiamos algo, si queremos salir. En mil ocasiones necesitamos un "¿qué te pasa?", "¿cómo estuvo tu día?", "que tengas una semana excelente", "que duermas bien", "cuenta conmigo", entre otras. Hace falta una conversación honesta, una charla que dure horas, una risa que alivie el alma y una mirada que cure las penas.

Cuando todos rehacen su vida menos tú, las personas que intentas conocer para reemplazar a las anteriores te parecen insulsas, vacías, aburridas, sin interés, sin capacidad de establecer un tema de conversación, sin motivación y sin ningún tipo de empatía contigo. Luego te das cuenta de que esto es así porque ni el pasado ni los seres que lo conformaron, por más que se quiera, pueden ser reemplazables.

Para mí ya no hay gente nueva para conocer, ni cosas por hacer, ni planes en los cuales mantener entretenida la imaginación. Estoy haciéndome a la idea de vivir sin amistad, sin amor, muriendo de rabia por los triunfos ajenos de las personas que estuvieron aquí y ya no me necesitan, esperando que llegue la muerte para que todo acabe de una vez, del mismo modo en que se desarrolló: sin contratiempos, sobresaltos ni hecho alguno para resaltar.

¿Quién soy yo para detener los triunfos de todos ellos, y sobre todo los tuyos, mujer, con mi presencia? 

Todos parecen estar mejor sin mí. Así debe ser.


Christian David Silva


miércoles, 27 de enero de 2016

¿DE QUÉ SIRVIÓ?




En las madrugadas siempre me invade el desespero y la depresión; los recuerdos se hacen imposibles de soportar en medio del silencio de mi habitación. Normalmente cuando esto sucede, intento con dificultad cerrar los ojos y dormir, mas el sueño no llega a mí. Entonces me pongo a escribir cosas como éstas, tratando de desatar los nudos de mi corazón a través de las palabras.

Y en esta madrugada me acuerdo de ella aunque no quiera. La curiosidad me invade, y como si fuera menos prohibido hacerlo a esta hora, como si no fuera igualmente perjudicial para mis sentidos perdidos, reviso la única red social a la que no tengo restricción de su parte y leo las frases que allí publica. Un dolor en el estómago, un dolor en mi vientre y una enorme decepción me ahogan al leer, y sin embargo no puedo dejar de hacerlo. Supongo que me he vuelto adicto al dolor de las palabras que nunca son para mí.

Entonces recuerdo todas las cosas que pasaron entre ella y yo. Probablemente insignificantes para su vanidad en comparación con lo que habrá vivido con otras personas; para mí, aquello fue lo único importante en mi vida, lo único que merecería ser narrado el día de mi muerte. 

Y luego recuerdo que escribí un libro para ti, que te entregué mis sueños, mi alma, mis sentidos, mis caricias, mis besos y mi ser. Finalmente me pregunto... ¿de qué sirvió dártelo todo? ¿Me gané acaso tu cariño o siquiera tu respeto? ¿Gané una entrada en tu corazón? ¿Gané algún beso, algún encuentro casual en un hotel contigo? ¿Algún premio por haber querido acompañarte y que tú de un portazo destrozaras una y diez mil veces mis ilusiones? Lo único que gané con mi obstinada actitud de amar a alguien que por mí no daría ni una décima parte de lo que di por ella, fue sufrimiento y pena. Gané desilusiones, un gran vacío que hoy perdura y que nada ni nadie llena, una profunda decepción con respecto a la gente, una completa apatía a la vida, a siquiera mirar por la ventana, a ver la gente pasar y a mezclarme entre las multitudes, porque siempre que veo a otro ser humano por la calle me convenzo que es más feliz que yo, que tiene amor, que es querido, que no le falta nada.

Sé que se puede ser feliz estando solo. Yo creo serlo, mas en las noches el deseo de sentirme querido, la falta de una caricia, de un beso y de recorrer una píel me hace escribir tonterías como estas. Y al ver que no hay nadie, que nada llena ese vacío que mujeres frías dejaron en mi ser, vuelvo a extrañar a la culpable de esta pena y me siento peor, pues sé que no volverá, que mientras yo le escribo párrafos interminables como éstos, ella ama a otro, vive por otro, se acuesta con otro, muere por otro y planea su futuro con otro, sin recordar que existo.

 ¿De qué sirvió dedicarle un libro y demostrarle de todas las formas que pasaron por mi cabeza el amor que despertó desde hace ya tanto tiempo? ¿O es que yo no sé amar realmente? No la conmueve haberla inmortalizado en la literatura, pero sí la enamora que le enseñen a conducir un automóvil. ¡Vaya! Por ironías inexplicables como esas, pienso que si nadie puede enamorarse de mí por mi físico, ni por mi forma de ser, ni por las cosas que hago, ni por lo que digo, ni por mis detalles, ni por mis virtudes o en algún caso excepcional por mis defectos, tendré que hacerme a la idea de quedarme solo eternamente.

No imagino mi vida dentro de diez años, ¿Seguiré tan solo como ahora? ¿Aún estaré pensando en ella? ¿Aún sufriré por cada frase que publique? ¿Cuando viaje al lado del hombre o la mujer que ame, se case, tenga hijos y su piel se vuelva ajada y reseca? No imagino cómo serán los últimos días de mi vida en soledad. No quiero quedarme solo. La soledad en este momento es soportable porque mis padres y mi familia me acompañan. Pero cuando ellos no estén, ¿qué será de mí? ¿Podré soportar toda una vida sin amor, sin sexo, sin una demostración de afecto, sin contacto personal ni físico con otro ser humano?

Veo ese libro y me dan ganas de quemarlo. No reniego de él, pues me ha dado alegrías inmensas, me ha proporcionado reconocimiento y ha permitido que conozca a personas que se identifican con lo que escribo. De quien reniego es de la persona que lo inspiró, de su poder para destruir mi alegría, de su capacidad para destrozar ilusiones, del control que ejerce sobre mí para que su felicidad y su amor por los demás me hiera. Siento que ha querido a todo el mundo, menos a mí, quien fue aquél que más necesitó y mereció su amor. 

La odio por no amarme, por dejarme vacío, por hacer de mis días y mis noches una tortura, porque al imaginarla en brazos de otro hombre me dan ganas de morir, de pegarme un tiro y acabar con este dolor en el pecho. 

Pero entonces el sueño viene hasta mí, me rescata de mis lúgubres pensamientos, y posterga el sufrimiento hasta otra noche en la que la curiosidad me invada, revise su red social y vuelva a aflorar mi deseo de morir.

Christian David Silva




domingo, 10 de enero de 2016

MUJERES



Mujeres que no leen mensajes, que te reclaman cuando les pides perdón, que ignoran, que olvidan, que son orgullosas, que no son capaces de darte la razón cuando la tienes, que llevan el ego por las nubes, que no les gusta que las busquen, que traicionan, que besan a escondidas, que hieren, que no te llaman, que no se acuerdan de ti en las fechas especiales, que te desprecian, te evaden, te escupen, te hacen a un lado. Que cuando eres sincero con ellas se marchan, que te dejan de hablar mientras pensamos que no serían capaces de algo así, que no son detallistas, que viven para todo el mundo menos para ti, que te agregan a una red social y nunca te hablan, o que si lo hacen te bloquean al día siguiente. Que pretenden evadir el sexo, que te excitan y al final se marchan o se arrepienten, que odian a los inexpertos, que sueñan con amantes de erecciones poderosas y duraderas, que pretenden prescindir de una pareja, que no encuentran placer, que no hacen nada por proporcionarlo, que creen ser las mejores en la cama cuando apenas saben desnudarse con pudor, bañadas en litros de doble moral tan dura de remover como la grasa.

Mujeres con las que no tienes nada de qué hablar, a las que no le resultas interesante, que te ven solo como un amigo, como un hermano, como una “buena persona”, como el último ser con el cual querrían tener sexo, y que aunque supuestamente seas su amigo, ni siquiera te llaman o te mensajean para desearte una feliz navidad, un feliz año nuevo o un buen cumpleaños. Que te creen inferior, que se asquean al imaginarte desnudo, que se burlan de tu virilidad, de tu pensamiento, de tus gustos, de tu forma de hablar, de caminar, de vivir y de sentir. Mujeres que te creen pasado de moda, aburrido, obsesivo, celoso, encerrado en ti mismo y sin ningún interés por vivir.

Mujeres que se acuestan con cualquiera menos contigo. Que salen a bares, se visten con escotes pronunciados, bailan hasta el amanecer y nunca te invitan. Que se deslumbran con dinero, músculos, palabras gastadas, rosas compradas en una esquina, chocolates derretidos por el sol y automóviles. Que tratan a los hombres como basura cuando saben que morimos por ellas, que te humillan, te arrastran y tú solamente puedes masturbarte pensando en sus cuerpos, pues en la realidad ni siquiera te prestarían atención. Mujeres banales, coquetas, de la mano con idiotas que gastan sus ahorros y sus paupérrimos sueldos en comprarles felicidad, con tal de poder darles un beso, de que no pongan resistencia cuando les pagues un motel, preservativos y champaña que fingen no disfrutar. Mujeres deslumbradas por teléfonos móviles, ropa cara y comida barata; risueñas, superficiales, vanidosas, desagradecidas y de improvisado pudor que dejan a un lado cuando un buen rostro, una buena billetera y puñados de oro se colocan bajo sus pies. Esas mujeres abundan como plagas, como langostas arrasando cultivos, como aves de rapiña buscando presas, un cajero electrónico hecho de carne humana para sacar de ellos hasta el último centavo.

Sé que en algún lugar del mundo, en algún sitio olvidado, encerrada en una casa, viendo televisión o leyendo un libro se encuentra una mujer diferente a todas las anteriores. Creí haber encontrado a esa chica distinta e ideal alguna vez, pero siempre resulta que hasta la más tierna e inocente muchacha termina sacando las uñas en el primer disgusto y se convierte en una arpía que sólo busca verte herido; no con una espada, sino con su despreciable verborrea al principio… y al final, con su total indiferencia;  como si no existieras, como si sólo fueras un número o un signo en la máquina burocrática del Estado y no un ser que amó, lo dio todo y se ilusionó con una persona que no tiene cómo responder a ese sentir.


Si yo pudiera encontrar una mujer que saliera de todos esos estereotipos y me demostrara que hay una oportunidad de amar verdaderamente, sin doble moral, sin banalidades y de forma incondicional, dejaría de pensar que cada día que pasa y conozco a otra mujer, las voy odiando a todas un poco más.


viernes, 13 de noviembre de 2015

A KAREM ESCOBAR




Es increíble el poder que tienen ciertas personas para transmitir emociones. Más impresionante es cuando aquella persona que produce tantos sentimientos tan solo con verla, contemplar su rostro o escucharla hablar, no la conocemos en persona.

Mi relación con ella fue solamente a través de la pantalla de un televisor. No veo muchas novelas ni seriados, pero cada vez que hacía 'zapping' y me encontraba con su dulce rostro en primer plano, me obligaba a quedarme a ver su actuación, suspirar, y anhelar la llegada del día que pudiera encontrar una mujer que tuviera siquiera la mitad de la belleza que ella poseía, la candidez que sus expresiones denotaban, y la sencillez que tan solo con verla se desbordaba.

Pero cuando el programa terminaba, regresaba a hacer mis cosas y me olvidaba de las emociones que ella me había producido. Es algo normal cuando se está viendo una historia y hay que volver a la realidad aplastante, recordando que todo aquello fue una actuación y que todos son profesionales de la televisión. Sin embargo, los momentos en que esa mujer realizaba una aparición en la pantalla chica, me hacían sentir tan cercano a ella que creía conocerla de toda la vida. Y en parte eso era verdad, pues la vi en televisión desde que hizo sus primeros papeles, aún siendo una niña. Se convirtió en mi amor platónico del medio artístico sin darme cuenta. 

Debo confesar que nunca me di a la tarea de averiguar su nombre, sus redes sociales o sus proyectos futuros. Supongo que la veía tan inalcanzable que no me molesté siquiera en saber cómo se llamaba. Me refería a ella como "la hermosa niña que aparece en "X" novela y que me encanta";pero era sólo eso: la mujer más bella de la televisión que nunca se convertiría en algo real y palpable en mi vida.

Hoy sé su nombre. Hoy sé que no era tan inalcanzable ni tan lejana, puesto que al revisar sus redes sociales no cabe duda de lo sencilla que era, de su cercanía con quienes la seguían, de su desconocimiento completo de los egos que pudren el alma de las personas que están inmersas en el medio artístico. Me doy cuenta que era una mujer completamente humilde que pudo ser mi amiga, mi confidente, mi hermana, ¿y por qué no? Una persona de la cual cualquier hombre estaría feliz de enamorarse. Es una lástima que me percaté de ello demasiado tarde. 

Me duele haberme enterado de cómo se llamaba sólo a través de la noticia de su muerte, cuando ya no importaba. Ya no podría decirle cuánto me gustaba verla actuar, cuántos párrafos inspiró cuando quise describir a la mujer perfecta en mis escritos, cuánto me habría gustado conocer a la persona más allá de la actriz que se veía en la pantalla, y cuán halagado me habría sentido si algún día sus ojos leyeran alguno de mis textos.

Me arrepiento de no haber buscado antes el modo de conocerla. Estaba tal vez a un paso de entablar una amistad con una mujer excepcional, con un talento innato y con mucho para dar a través de lo que le encantaba hacer. Me siento mal al saber que nunca supo de mí, de mi admiración, de mi cariño hacia ella que ni yo mismo sabía que era tan grande. Pude haber hablado con ella; pero de todas formas, entiendo que aunque la hubiera conocido, tal vez no habría podido hacer nada para impedir que el 12 de noviembre del 2015 ella abordara ese automóvil.

Duele mucho más saber que por errores de terceros todos quienes la conocimos, directa o indirectamente, nos privaron de su presencia, de su talento y de su alegría. Circunstancias como esas son las que nos hacen cuestionar los designios del destino. ¿Por qué la muerte se llevó a una mujer con toda una vida por delante, con tantos sueños por cumplir, con tanta felicidad en su corazón y con tanto amor por lo que hacía? Sea cual fuere la respuesta a este interrogante,ya no estás en este mundo, y aquellos que nos quedamos aquí debemos aceptar con resignación tu repentino adiós.

La lección que nos deja tu partida es que en cualquier momento la vida se extingue, por lo cual hay que disfrutar cada momento, los detalles grandes y pequeños, no perder el tiempo en mares de tristeza y tratar de ser felices por más obstáculos que haya en el camino, pues no sabemos si éste será largo o corto.

Gracias por entregarnos tu talento y tu ternura. Si dejaste huella en mí a pesar de nunca habernos visto en persona y del hecho que jamás supiste de mi existencia, no imagino el vacío tan enorme que habrás dejado en todos aquellos que tuvieron el privilegio de siquiera cruzar unas palabras contigo. Por tantas alegrías, emociones y pasiones que brindaste con tanto desinterés, mereces descansar en paz, siendo uno de los ángeles más hermosos del cielo. Nunca te olvidaremos, y prueba de ello es este escrito que hoy te dedico y con el cual, probablemente, muchos de los que te conocieron se sentirán identificados al leerlo.

Mi única esperanza es podernos encontrar en otra vida y tener la conversación que en ésta nos quedó pendiente. Adiós, mi amor platónico. Descansa en paz. Hoy el cielo está de fiesta, pues el ángel más hermoso acaba de alegrar el paraíso con su presencia. 

Un abrazo, Karem Escobar.


Christian David Silva


jueves, 29 de octubre de 2015

LO QUE ELLA NO SABE...




Ni yo mismo lo sabía. Ni yo mismo lo sospechaba. Enamorarme así de ella, sabiendo que no me amaba.

Un día llegó sin querer, como todas las cosas que cambian nuestra percepción de la vida. Su amistad me hizo los días más llevaderos, en medio de penas de amor que hoy no son más que crueles arrepentimientos de un pasado sin sentido. Me llenó las horas de ternura, de sonrisas, de conversaciones fraternales y palabras de aliento, que me dieron fuerzas para secar las lágrimas negras que brotaban por una mujer con el alma del mismo color. 

Y me gustó sin querer, cuando aún me encontraba enamorado de otra mujer. Me gustó verla la primera vez, y la segunda, y la tercera... hasta que su sonrisa quebrantó la melancolía de mis pensamientos, y con un beso con sabor salado me elevó por un cielo de estrellas del que solamente pude bajar cuando separé mis labios de los suyos. No estaba seguro de cómo sentirme frente a ese beso, si su inusual sabor agradaba a mi corazón, y si aquello significaba el comienzo de algo que jamás viví: un amor correspondido.

Pudo haber sido un amor perfecto, duradero, tan dulce como una fruta prohibida cuando está al alcance de la mano, tan inmenso como el cielo y tan intenso que haría de mil horas junto a ella tan solo dos segundos. Pero le mentí, le oculté mi pasado, mis decisiones no fueron acertadas y la dejé ir. Nunca logré aprender.

Hoy me encuentro tan enamorado de ella que parece mentira darme cuenta de ello de forma tan tardía, pese a la enorme desventaja de no verla desde hace más de un año. Tal vez no sabe que sigo pensando en la manera de verla y recordar los tiempos en que sus besos cubrían mis labios, y que su piel no se resistía a ser acariciada por mis manos ansiosas. No sabe todas las ocasiones que he querido salir a buscarla, esperarla frente a su casa y abordarla, robarle un beso y volver a amarla... pero no sé cuál de todas es su casa en ese inmenso conjunto residencial, ni la hora ni el momento en que de allí salga. Seguramente saldrá siempre acompañada, ya sea por su familia o por aquél que su corazón ama.

El dolor en el pecho no cabe al saber que la única persona que te amó con sinceridad, es la misma que hoy te mira como un desconocido y te dice que ya no siente igual. El tiempo y la distancia se convirtieron en mis enemigos, y es por eso que ella hoy ríe, llora, siente celos, rabia y deseos por otro. Otro para quien ahora son sus sonrisas, sus palabras de aliento y su ternura incomparable. Ella no sabe que no la olvido, o tal vez no quiere darse cuenta de la magnitud de la pena que sus palabras causan a mi herido corazón, que bien merecido lo tiene por no darme una respuesta a tiempo para mi felicidad.

No tiene idea que en mis sueños está presente y con mayor frecuencia, que daría todo por volverla a ver... y que la amo, aunque sea tarde para confesarlo y ser parte de su vida, de sus sueños, de sus metas y de los enormes horizontes que hoy le sonríen en el porvenir. Sin embargo, por medio de este escrito y de otros futuros, pienso demostrarle que no quiero ni puedo rendime de modo tan fácil por algo que ahora estoy seguro de querer alcanzar; y que cada palabra y cada frase que ella pueda inspirar dentro de mi mente... la escribiré aquí, sabiendo de todas formas, que quizá mis palabras hoy se niegan a ser leídas por sus ojos, y mis frases se resisten a ser escuchadas por sus oídos. 

A pesar de todo, ojalá estos párrafos contribuyan en algo para hacerle recordar que su felicidad fue la mía, que sus abrazos fueron mi abrigo, sus ojos cómplices de los míos, su boca guardiana de mis secretos, y su alma amante de la mía. Ojalá su corazón de niña atrapada en el cuerpo de toda una mujer, me conceda la redención y la oportunidad para que su voluntad me permita al menos... volver a verla.

Christian David Silva